El Adiós que Sanó



En el tumulto del tiempo, ahora lo comprendo,

Temí perder lo que creí sería mi eterno amor. El miedo a la soledad me envolvía, y en el futuro incierto, hallaba mi temor más profundo. Debí partir antes, esa es la verdad que hoy reconozco.

Erré al pensar que el amor debía ser dolor, que debía desgarrar el alma y causar sufrimiento. Hoy descubro que nuestro lazo, en realidad, fue sostenido únicamente por mí. Cuando finalmente encontré la fuerza para soltarte, me heriste una vez más, haciéndome creer que nunca fui suficiente, que nuestro amor era fácilmente reemplazable.

Qué engañada estuve durante tanto tiempo. Fueron tus propias heridas, tu pasado tortuoso, y mi deseo ferviente de sanarte con empatía, los que me llevaron al abismo de la soledad. Ahora comprendo que de las trampas de la vida, solo uno mismo puede salir.

Y hoy, desde el amor propio, desde la compasión hacia mí misma, desde el conocimiento de mi ser, puedo finalmente ver con claridad: No eras tú, y eso está bien.

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