El primer amor


 El primer amor

Son numerosos los escritos dedicados a los amores, a los padres e incluso a los compañeros peludos, pero ¿alguien se ha detenido a reflexionar sobre la importancia de dedicar unas palabras a aquellos seres que no tuvieron otra opción más que nacer en el mismo lugar, con la misma familia, bajo los mismos patrones? Los hermanos son la primera manifestación del amor. En mi caso, no fue amor a primera vista con mi hermano, ni comprendía del todo su existencia o por qué lloraba tanto. Era un torbellino de llanto, pañales y desorden, para ser honesta. No conservo muchos recuerdos de sus primeros años, pero las fotografías atestiguan mi papel como lo que podríamos llamar una buena hermana, al menos, la mayoría de las veces.

  Mi hermano y yo éramos inseparables, como uña y mugre. ¡Juntos inventábamos historias fantásticas con nuestros peluches, construíamos fortalezas con cobijas y dotábamos de personalidad a las canicas! Cada día era un mundo lleno de nuevas aventuras. Cuando se es niño, uno no se da cuenta, pero eres la mejor versión de ti mismo, aunque aún no sepas cómo compatibilizarla con alguien más. Eso es lo que enseñan los hermanos. Mi hermano me aceptaba tal como era, me admiraba, me seguía a todas partes y compartía su vida conmigo. Es un tipo de amor que no es ciego, sino de constante trabajo. 

  Han pasado muchos años desde aquellos cuentos de hadas que tejimos con nuestros peluches favoritos. Nuevos personajes llegaron, algunos divertidos y otros no tanto. Algunos acompañantes se quedaban por meses, algunos amantes por años. Sin embargo, la esencia de nuestra relación permanecía intacta. No voy a decir que todo haya sido fácil; más bien, ha sido la aventura más enriquecedora y desafiante de mi vida. En algún momento, nuestros caminos comenzaron a separarse sin siquiera alejarnos físicamente. Ya no compartíamos comidas ni series de televisión. No teníamos los mismos horarios libres ni las mismas aspiraciones. Estábamos descubriendo nuestro propio camino de manera individual, y eso desconcertaba mi corazón.

  Es 29 de febrero de 2024 y me doy cuenta de que un hermano es aquel ser que la vida nos otorga para que aprendamos a enfrentarnos a nosotros mismos cuando no queremos hacerlo. Es quien, desde su admiración por nosotros, nos señala mil maneras de mejorar. Un hermano nos ama con respeto y paciencia, sin ceguera. Siempre nos pone a prueba y es el único que comprende las batallas que hemos librado. Es el único que sabe de dónde provienen nuestras heridas más profundas, por qué no podemos dormir por la noche y, cuando todos intentan ofrecernos soluciones, un hermano simplemente nos abraza y nos dice que todo estará bien. 

  La vida me ha regalado un hermano para amar de manera consciente, para discernir quiénes son mis verdaderos amigos y quiénes no lo son, para aprender a relacionarme con el mundo desde mi sensibilidad e intensidad. Para entender que no debo hacerme menos y que las mejores relaciones no son las que están todos los días pendientes de ti. Gracias, hermano por lo vivido y por lo que aún está por venir.


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